El presidente francés, Emmanuel Macron, vivió anoche en su arribo a la Argentina una situación extraña. Cuando bajó junto a su esposa del avión oficial que lo trasladó para participar no encontró a ningún funcionario argentino que lo recibiera. Miró para un lado, miró para el otro y ante la falta de señales saludó a dos empleados del aeropuerto que se encontraban al final de la escalera.
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